URL

El siguiente texto surge de una colaboración que se extiende desde hace ya algún tiempo. Sin un plan específico, ni una ruta definida, con Victoria Jolly (Ritoque, 1982) nos hemos ido encontrando en las indagaciones que cada cual ha realizado sobre el hormigón y sus consecuencias. Recientemente, para su exposición Escorias: topografías del descarte, celebrada en el Parque Cultural de Valparaíso entre marzo y abril de este año, volvimos a retomar las intrigas que nos plantea este material artificial que hoy se extiende por la superficie del planeta como una segunda piel. O como una coraza aislante.
Lo cierto es que no es fácil decidir un papel para el hormigón que, en sus distintas mezclas, y por siglos, ha sido vertido sin cesar para disponer un espacio para nuestra humanidad. Sabemos que se trata de la sustancia más ampliamente producida y empleada en toda la historia. Ya los antiguos romanos emplearon una mezcla hecha con ceniza volcánica para levantar el Panteón hace casi dos mil años, aunque es con la modernidad cuando este material alcanza su apogeo. “El hormigón se resiste a ser asociado a una época histórica”, apunta Victoria, “porque se reinventa en cada mezcla y en cada lugar donde será vaciado.” Y a continuación añade: “El hormigón no se extrae ni preexiste, como dice Adrian Forty. Nace cuando cemento, áridos y trabajo humano se combinan. Así revela la invención y la habilidad de quien lo produce, de quien lo cocina.”
Este proceso de cocinería es, precisamente, una de los rasgos que distinguen el trabajo de investigación que desde hace años Victoria Jolly desarrolla con distintas mezclas y recipientes de encofrado que le dan a sus piezas una textura evocativa de otra clase objeto, más allá de su dureza. “La práctica que he llevado adelante en los últimos años”, relata Victoria, “consiste en desplazar al hormigón de la imagen de una piedra artificial hacia nuevas formas a través de las membranas textiles. Vaciado en un moldaje flexible, deja de ser materia sometida a la rigidez para convertirse en un agente activo, capaz de generar formas que responden a fuerzas físicas y tensiones internas. Así interrogamos su condición plástica y húmeda, su capacidad de adaptarse a las texturas de sus moldes. El hormigón se vuelve no solo un material de construcción, sino un campo abierto donde la mezcla, el tiempo y la deriva abren la posibilidad de pensarlo como un puente de exploración.”